Turismo en Bonifacio
Bonifacio, en el extremo sur de Córcega, es el municipio más meridional de la Francia metropolitana. Al sur, las Bocas de Bonifacio separan Córcega de Cerdeña. La ciudad tiene un puerto y una ciudadela, construida sobre un cabo de caliza, una roca poco común en una isla sobre todo granítica. Este cabo mide 1600 metros de largo por 100 metros de ancho.
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En la roca que bordea la carretera antes de entrar en Bonifacio se descubrió la Dama de Bonifacio, el esqueleto de una mujer que vivió hacia el 6500 a. C., conservado gracias a la caliza. Se expone en el museo del Alta Rocca, en Levie.
Bonifacio tiene un pasado agitado. Fue refundada en el siglo IX por el conde Bonifacio de Toscana, que le dio su nombre. En 1420 resistió el asedio del rey de Aragón Alfonso V.
La ciudad alta, paso a paso
Si recorres el muelle hasta la capilla de San Erasmo (Saint-Érasme) y subes después hacia la capilla de San Roque, verás las capas de caliza de los acantilados, superpuestas como un hojaldre. Sube luego hacia la puerta de Génova, abierta en las murallas frente al bastión de l’Étendard: la antigua entrada de la ciudad, vigilada por saeteras, deja ver lo difícil que debía de ser entrar sin invitación.
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La gran baza de Bonifacio es la inteligencia con la que se pensó la ciudad para resistir un asedio: cómo abastecerla, cómo vivir en ella. En la iglesia de Santa María la Mayor, unos arbotantes refuerzan los muros, y unas canalizaciones llevan el agua de lluvia de los tejados a una cisterna oculta bajo el edificio. Las reservas de grano, los silos y las propias casas estaban pensados para aguantar: se cuenta que en la planta baja no había puertas y que se subía a casa por una escalera de mano, que luego se recogía.